Recuerdos de egotismo
Recuerdos de egotismo «Mi admiración por Belle», dijo él partiéndose de risa, «va a hacer que le imite. Vengo a recobrar fuerzas con el champán». Duró el ataque de risa veinte minutos; Poitevin se retorcía por la alfombra. El ingenuo asombro de Alexandrine no tenía precio: era la primera vez que a la pobre chica le fallaban así.
Pretendían aquellos buenos señores persuadirme a que muriera de vergüenza, y de que fuera aquél el momento más desventurado de mi vida. Yo estaba desconcertado, nada más. Sin saber por qué, la idea de Métilde me había atrapado al entrar a ese cuarto de que Alexandrine era tan bello adorno.
En fin, que en 10 años no habré ido de chicas tres veces. Y la primera, tras la encantadora Alexandrine, fue en octubre o noviembre de 1826, estando desesperado.[64]
Volví a encontrar a Alexandrine, rodeada del deslumbrante aparato que tuvo un mes más tarde, una docena de veces, y en todas lamentándome por lo ocurrido.[65] A los 5 o 6 años, en fin, acabó por tener el aspecto grosero de las de su oficio.