Recuerdos de egotismo
Recuerdos de egotismo Me encuentro a Alexandrine sobre una cama, algo cansada, casi con el traje y en la postura exacta de la duquesa de Urbino de Tiziano. «Hablemos nada más, diez minutos», me dice con gracia. «Estoy un poco cansada, charlemos. Enseguida encontraré otra vez el fuego de la juventud».
Estaba adorable; puede que no haya visto en mi vida nada tan bonito. No había en ella ni asomo de los excesos del libertinaje, excepto en los ojos, que poco a poco volvieron a llenarse de locura y, si se quiere, placer.
Le fallé totalmente, un completo fiasco.[62] Busqué socorro en ofrecerle alguna compensación, se prestó a ello. No sabiendo muy bien qué hacer, recurrí a un juego de manos, que rechazó. Pareció quedar desconcertada, le di buenas palabras, bastante en mi situación, y salí.
Apenas me hubo remplazado Barot cuando escuchamos unas carcajadas que atravesaban tres habitaciones para llegar hasta nosotros. De repente despidió la Sra. Petit a las otras chicas, y Barot nos trajo a Alexandrine luciendo
por toda vestidura
recién arrancada al sueño su hermosura.[63]