Recuerdos de egotismo
Recuerdos de egotismo Sus modales son perfectos, cuando no le domina un abominable humor negro. No adiviné ese rasgo hasta 1822. Es un viejo donjuan (ver la ópera de Mozart, Molière, etc.). Por todo le sale el mal humor. Por ejemplo, por que en su salón el Sr. de La Fayette fuera más gran hombre que él (aun en 1821).[77] Y luego, que los franceses no han sabido apreciar la Ideología ni la Lógica. Esos retoriquillos almibarados no le han llamado a la Academia sino en calidad de autor de una buena gramática; y eso, debidamente insultado por ese insulso de Segur, padre de un hijo aún más insulso, el Philippe, que ha escrito nuestras desventuras en Rusia para obtener un cordón de Luis XVIII.[78] Este infame Philippe de Ségur me servirá como ejemplo del carácter que más aborrezco en París: el ministerial,[*] ese personaje en todo fiel al honor salvo en los trances decisivos de una vida. Últimamente (véanse los Débats de Mayo de 1832) ha desempeñado el tal Philippe con el ministro Casimir Perier el mismo papel que le valiera, primero, el favor de Napoleón, de quien desertó con tal cobardía, y a continuación, el de Luis XVIII, quien se complacía en el trato con gentes de esa ralea. Gentes cuya bajeza calaba perfectamente y les recordaba con sutileza en el momento en que hacían algo noble. Puede que también notara en sí mismo tal carácter ese amigo de Favras, el que esperó a la noticia de haber sido aquél condenado a la horca para decir a uno de sus criados «Haz que nos sirvan».[79] Era hombre de sobra para confesarse infame y reírse de su infamia.