Rojo y blanco
Rojo y blanco —Acabo de borrar mi nombre de la lista —continuó Leuwen—; pero ya que se digna usted testimoniar su interés por mi porvenir, le diré la verdadera causa de mi negativa a aceptar la recompensa. Estas listas de recompensas pueden cualquier dÃa aparecer impresas. Entonces podrÃan proporcionarme una enojosa celebridad, y soy demasiado joven para exponerme a tal peligro. Ocho mil francos no me hacen perder la cabeza.
—¡Oh, Dios mÃo! —exclamó la señora de Vaize con acento aterrorizado—. ¿Es usted como el señor Crapart? ¿Cree que la república está ya tan próxima?
El rostro de la señora de Vaize solamente expresó el temor y la sospecha, y Luciano leyó en él una perfecta aridez de alma.