Rojo y blanco
Rojo y blanco Por último encontró una bandera fácilmente comprendida por el público: las Palabras de un Creyente, habían tenido, el año anterior, un gran éxito; hizo de ellas su Evangelio, consiguió ser presentado al señor de Lamennais, ante quien representó el más vivo entusiasmo. Ignoro si este discípulo del mal tono hizo deplorar su celebridad al ilustre bretón, pero, en fin, él también se había convertido, de adorador del Papa, en amante de la libertad. Ésta tiene un alma generosa y poco desconfiada, olvidando muy a menudo preguntar: ¿De dónde vienes?
Hacía pocos días que, atacado en la Cámara por las risas de toda la derecha y los groseros sarcasmos de la aristocracia burguesa, había tenido la habilidad de deslizar, entre sus gestos y muecas, el siguiente fragmento de egoísmo: