Rojo y blanco
Rojo y blanco «Visto esto, mi querido colega, comprenderá que no está en mi mano hacer nada para que usted pueda recuperar sus diez mil francos. Lo que acabo de leerle, ha sido trasladado esta misma mañana al ministerio de la Guerra. ¡Cuidado con el estallido de la bomba!» —dijo Crapart con risa grosera.
Luciano le dio mil gracias y se dirigió al ministerio de la Guerra, a la oficina de la policÃa militar.
—El ministro del Interior me envÃa urgentemente; en la última carta, se ha insertado un informe con tachaduras hechas por el ministro.
—Aquà está la carta —dijo el jefe del departamento—; no he tenido aún tiempo de leerla. Llévesela si gusta, pero devuélvamela antes de abrir la oficina mañana por la mañana, es decir, antes de las diez.
—Si es una página del medio, preferirÃa arreglarla aquà mismo —replicó Luciano.
—Aquà tiene raspador, sandáraca y todo cuanto necesite; trabaje a su gusto.
—Y qué, su trabajo con las prefecturas en lo referente a las elecciones, ¿sigue adelante? Tengo un primo de mi mujer que es subprefecto en… y para el cual, hace más de dos años que nos han prometido la prefectura del Havre o de Tolón…