Rojo y blanco
Rojo y blanco Desde el comienzo de la temporada de sesiones, el trabajo de Luciano había sido francamente agradable. El señor des Ramiers, el más moral y más feneloniano de los redactores del periódico ministerial por excelencia, recientemente elegido diputado por Escorbiac, una circunscripción del Sur, hacía una corte asidua al ministro y a la señora condesa de Vaize. Su moral suave y conciliadora, habla conquistado por completo al señor conde y casi a Leuwen.
«Es un hombre sin visión política —se decía este último—, que pretende conciliar cosas incompatibles. Si los hombres fueran tan buenos como él cree, la gendarmería y los tribunales serían instituciones completamente inútiles, pero su error emana de su buen corazón».
Luciano le recibió, pues, con la mayor amabilidad, una mañana en que fue a hablarle de ciertos asuntos.