Rojo y blanco
Rojo y blanco A continuación de un preámbulo del mejor estilo y que ocuparía ocho páginas si lo transcribiéramos aquí, el señor des Ramiers expuso a Leuwen que tenía deberes penosos que cumplir, en relación con las funciones públicas. Por ejemplo, se veía en la necesidad moral más absoluta de reclamar la destitución del señor Tourte, empleado móvil en los Derechos reunidos, que se había opuesto de la forma más escandalosa a su elección. Todo aquello fue dicho con las más prudentes precauciones, que sirvieron a Leuwen para evitar estallar en locas carcajadas.
«¡Un Fénelon reclamando una destitución!».
Se divirtió contestando al señor des Ramiers en su propio estilo, aparentó no comprender la cuestión, captó de lo que se trataba, y obligó bárbaramente al moderno Fénelon a pedir la destitución de un pobre diablo medio obrero que, con un salario de mil cien francos, tenía que vivir, no sólo él, sino también su mujer, la suegra y cinco hijos.