Rojo y blanco

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El dolor hace exagerar las cosas. Duro, amargado y arisco como estaba Luciano en aquellos momentos, si el dueño de la casa donde se alojaba hubiese estado delante de un parisién digno, no hubiesen intercambiado diez palabras en todo un año. Pero el obeso señor Bonard no se interesaba más que en cuestiones de dinero; por otra parte, era atento, comunicativo, servicial y persuasivo, en cuanto se trataba de ganar cuatro sueldos por cada medida de trigo (el señor Bonard tenía un negocio de granos). Hizo colocar en las habitaciones de su nuevo huésped varios muebles auxiliares, y al cabo de dos horas, uno y otro tuvieron, un gran placer al entablar conversación.

El señor Bonard aconsejó a Luciano que fuera a hacer su provisión de licores a casa de la señora Berchu. Sin el digno comerciante en trigo, nunca se le hubiera ocurrido aquella idea tan sencilla, la de que un subteniente que tiene fama de rico y que acaba de ingresar en un regimiento, debe destacar por su provisión de licores.






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