Rojo y blanco
Rojo y blanco Luciano comprobó que durante los días siguientes, la señora de Vaize estaba realmente indignada contra el señor des Ramiers, y como tenía mucha más sensibilidad de la que es corriente en las altas esferas sociales, hizo sentir su cólera al periodista diputado de manera plenamente humillante para éste. Aquel espíritu suave y dulce encontró, no sé cómo, palabras crueles para el moderno Fénelon, y dichas palabras, pronunciadas sin ninguna precaución en medio de toda la corte que rodea y la mujer de un poderoso ministro, fueron terribles para la aureola de virtud y filantropía de que estaba nimbado el diputado periodista. Sus amigos le hablaron, y apareció una alusión bastante clara en el Charivari, periódico que explotaba con franca suerte la tartufería de los señores del justo medio.
Luciano había tenido en sus manos, una carta del ministro de hacienda en la que se informaba que el director de Contribuciones Indirectas respondía a una pregunta a él dirigida, en el sentido de que no existía en su departamento ningún empleado llamado Tarte. Pero el señor des Ramiers había hecho escribir, de propia mano del ministro de Hacienda, una posdata que decía:
«¿No habrá habido una confusión con otro empleado, el señor Tourte, funcionario de Escorbiac?».
Al cabo de ocho días, contestación del señor conde de Vaize a su colega: