Rojo y blanco
Rojo y blanco —Pues bien, sà —dijo finalmente—, sufro un ataque de ambición, y lo más agradable del caso es que no sé realmente qué es lo que deseo.
—La fortuna llama a tu puerta, tienes que tomar una decisión inmediatamente. Si no la abres, irá a llamar a otra.
—Los milagros del Todopoderoso se manifiestan, especialmente, cuando obran sobre una materia vil e inerte. Voy a hacer ministro a Grandet, o por lo menos voy a intentarlo.
—¡Grandet ministro! —exclamó la señora Leuwen sonriendo—. ¡Eres injusto con Anselmo! ¿Por qué no has pensado en él?
(El lector habrá olvidado tal vez que Anselmo era el anciano y fiel ayuda de cámara del señor Leuwen).