Rojo y blanco
Rojo y blanco »El mariscal, al desear fervientemente dinero, ha debido poner su mirada sobre un banquero, para que ocupe el ministerio del Interior; quiere, dicho sea entre nosotros, un hombre que pueda oponerse, si llega el caso, al ministro de Hacienda, un hombre que comprenda los diferentes valores del dinero en cada una de las horas del día. Ese banquero ministro del Interior, ese hombre que puede comprender a la Bolsa y dominar hasta cierto punto las acciones del señor Rat… y del ministro de Hacienda, ¿se llamara Leuwen o Grandet? Yo soy sumamente perezoso, viejo, en una palabra. No puedo hacer ministro a mi hijo, que no es ni diputado, ni sé si sabría hablar en público, y ya sabe que usted misma le ha dejado mudo durante seis meses… Pero yo puedo hacer ministro a un hombre presentable, elegido por la persona que salvará la vida a mi hijo.
—No abrigo ninguna duda sobre la sinceridad de sus buenas intenciones para con nosotros.