Rojo y blanco
Rojo y blanco —Hace ya mucho tiempo que conozco esa gran verdad —dijo la señora Grandet con el acento de una reina a la cual se recuerda de forma inconveniente una derrota de sus ejércitos—, hace ya mucho, tiempo que conozco esa gran verdad; la moda es un fuego que se extingue si no se aumenta.
—Existe otra verdad secundaria bastante importante, de aplicación no menos frecuente, y es que un enfermo se enfade con su médico, un cliente que se molesta contra su abogado, en vez de reservar sus energÃas para luchar contra sus enemigos, y que no se halla, por tal motivo, en disposición de sostener sus posibilidades de éxito.
El señor Leuwen se puso en pie.
—Mi querida señora, los momentos son preciosos. ¿Quiere usted tratarme como a uno de sus adoradores e intentar hacerme perder la cabeza? Debo decirle que no tengo ya cabeza que perder, y que necesito ir a buscar la suerte en otra parte.
—Es usted un hombre cruel. ¡Pues bien!, hable.