Rojo y blanco
Rojo y blanco Sentía algún remordimiento en engañar a aquella madre tan buena, pero la pregunta: ¿hacia qué lado?, lo había disipado.
«Mi madre odia a la señora de Chasteller», se dijo. Esto constituía una contestación a todo.
Escribió unas líneas a su padre, pasó, a caballo, por casa de la señora Grandet, a la que encontró muy débil, estuvo muy atento con ella y le prometió volver a visitarla por la noche.
Esa misma noche partió hacia Nancy, sin ningún remordimiento por abandonar París y deseando de todo corazón ser olvidado por la señora Grandet.