Rojo y blanco
Rojo y blanco —O mucho me equivoco, o estos señores podrían ser perfectamente Vindex y Julius; se han plantado allí colocados por el honor, como para firmar su carta anónima. Hoy soy yo el que se halla avergonzado; quisiera desengañarles. Siento el mayor respeto por sus opiniones; su ambición es honrada. Pero me es imposible preferir América a Francia; el dinero no lo es todo para mí y la democracia es demasiado árida según mi modo de sentir.