Rojo y blanco
Rojo y blanco —Para poderte complacer —dijo Luciano— serÃa necesario que representara un papel, ¿no es asÃ? ¡Y precisamente el de un hombre triste! ¿Qué es lo que la sociedad me dará en cambio por todas las molestias que me tome? Y esta contrariedad la tendrÃa que sufrir continuamente. ¿No tendrÃa que escuchar, sin parpadear, las inacabables homilÃas del señor marqués de D… sobre economÃa polÃtica y las lamentaciones del señor abate R… sobre los infinitos peligros que comporta la partición de bienes prescrita por el Código Civil? En primer lugar, es posible que estos señores no sepan de lo que hablan; y, en segundo lugar, lo que es más probable, se burlarÃan del bobo que les creyera.
—¡Pues bien! Refútales, inicia con ellos una discusión, tendrás público. ¿Por qué no probar? Procura ser formal; adopta un aspecto grave.
—TemerÃa que antes de ocho dÃas el aspecto grave no se convirtiera en una realidad. ¿Qué me importan a mà los sufragios del mundo? Yo no pido nada a nadie. No darÃa ni tres luises para poder pertenecer a tu Academia; ¿no acabamos de ver la forma en que ha sido elegido el señor B…?