Rojo y blanco
Rojo y blanco —Pero el mundo te pedirá cuentas, tarde o temprano, del lugar que ostentas en él, a causa de los millones de tu padre. Si tu independencia produce mal humor en el mundo, éste sabrá encontrar algún pretexto para herirte en lo más hondo de tu corazón. Un dÃa cualquiera tendrá el capricho de relegarte hasta los últimos escalones. Estarás acostumbrado a ser favorablemente acogido; te desesperarás, pero será ya demasiado tarde. Entonces sentirás la necesidad de ser algo, de pertenecer a algún cuerpo que te sostenga en caso de necesidad, y te harás un entusiasta aficionado a las carreras de caballos; yo, sinceramente, encuentro que es mucho menos estúpido el ser académico.
El sermón terminó cuando Ernesto descendió del coche ante la puerta del renegado de los veinte empleos.
«Este primo mÃo es un tipo divertido, se dijo Luciano; absolutamente igual que la señora Grandet, que pretende que es muy importante para mà el que yo vaya a misa: Esto es indispensable, sobre todo cuando uno está destinado a heredar una gran fortuna y además no tiene un apellido aristocrático. ¡Pardiez! ¡SerÃa un loco si hiciera cosas tan aburridas! ¿Quién se preocupa por mà en ParÃs?».