Rojo y blanco
Rojo y blanco Durante las ocho o diez horas que ocupaban diariamente la vida de un hombre que ganaba noventa y nueve francos al mes, le era imposible hablar de otras cosas que no fueran maniobras, contabilidad del regimiento, precio de los caballos y, especialmente, de la gran cuestión de saber si era preferible que las unidades de caballería los comprasen directamente de los criadores, o si era más ventajoso para el gobierno darles ellos mismos las primeras sesiones de doma en los depósitos de remonta. Por este último sistema, los caballos costaban novecientos dos francos; pero morían muchos de ellos, etc., etc.