Rojo y blanco
Rojo y blanco —¿Lamentaré no haber sido destinado al 9.º, en el cual hay también una plaza vacante? —se decÃa Luciano, encendiendo alegremente un cigarrillo que acababa de liar con papel de regaliz que le mandaban desde Barcelona—. El 9.º tiene el uniforme con ribetes amarillo junquillo… esto le da mayor alegrÃa… sÃ, pero es menos noble, menos severo, menos militar… ¡Bah, militar! ¡Nunca los batiremos con estos regimientos pagados por una Cámara de los Comunes!
»Lo esencial para un uniforme es que sea bonito en el baile, y el amarillo junquillo es más alegre…
»¡Qué diferencia! Antes, cuando tuve mi primer uniforme, al ingresar en la Escuela Politécnica, poco me importaba su color; pensaba únicamente en unas baterÃas rápidamente emplazadas bajo el fuego atronador de la artillerÃa prusiana… ¿Quién sabe? ¡Quizá mi 27.º de lanceros cargará un dÃa contra aquellos brillantes húsares de la muerte, de los cuales habló encomiásticamente Napoleón después de la batalla de Jena!… Pero, para batirse con verdadera delectación —añadió—, serÃa preciso que la patria estuviera realmente interesada en la lucha; ya que, si se trata únicamente de hacer un alto en él barro, que tan insolentes ha hecho a los extranjeros, a fe mÃa que no vale la pena.