Rojo y blanco
Rojo y blanco Nunca una predicción estuvo destinada a cumplirse con tanta rapidez. Pocas horas más tarde, el coronel, a quien Luciano vio desde lejos en el paseo, le hizo seña de que se le acercara y le invitó a cenar el dÃa siguiente. Luciano encontró que tenÃa los mismos modales bajos y de una intimidad completamente burguesa. «A pesar de su brillante uniforme y de su valor, este hombre parece un sacristán que invita a comer a un compinche suyo». Cuando se separaba de él, el coronel le dijo:
—Su caballo tiene grupas admirables; dos leguas no son nada para sus resistentes patas; le autorizo a usted a prolongar sus paseos a caballo hasta Darney.
Era éste un lugarejo a unas seis leguas de Nancy.
—¡Oh, cuál es el poder del antÃdoto! —se dijo Luciano rompiendo a reÃr y galopando en dirección a Darney.
Después de comer, Luciano pasó unas horas todavÃa más triunfales; el doctor Du Poirier insistió en presentarle a la señora condesa de Commercy, la dama que la vÃspera le habÃa prestado su libro de rezos.