Rojo y blanco
Rojo y blanco Por aquel tiempo, el efecto de novedad que podía ejercer en el alma de nuestro héroe la sociedad de Nancy, había desaparecido por completo. Conocía ya de memoria a todos los personajes. Quedaba reducido a tener que filosofar. Encontraba que sólo existía naturalidad en París; pero, por una consecuencia lógica, los tontos se hallaban mucho más incómodos en Nancy. «Lo que a las gentes de aquí les falta en absoluto, incluso a los mejores —se decía Luciano—, es lo imprevisto». Dicho imprevisto, Luciano lo entreveía alguna vez cuando estaba con el doctor Du Poirier o con la señora de Puylaurens.