Rojo y blanco
Rojo y blanco Habían invitado a la señora de Chasteller porque no había podido asistir a otra comida dada dos meses antes, cuando el señor de Pontlevé tuvo su ataque de gota. Théodelinde, muy avergonzada por la alta política de su madre, consiguió con muchos trabajos, en el momento en que los invitados iban a llegar, que la señora de Chasteller fuese colocada a la derecha del señor caballero de Leuwen, mientras que ella ocuparía la silla de la izquierda.
Cuando llegó Luciano, la señora de Serpierre le llevó aparte y le dijo con toda la falsía de una madre que tiene seis hijas casaderas:
—Le he colocado al lado de la hermosa señora de Chasteller; se trata del mejor partido de la provincia, y se dice que no siente aversión alguna hacia los uniformes; así tendrá usted una buena ocasión de cultivar su amistad que yo inicio por medio de esta comida.
Mientras comían, Theodelinde encontró a Luciano bastante distraído; hablaba, pero lo que decía, en verdad, no vaha la pena ser dicho.