Rojo y blanco
Rojo y blanco La señora de Chasteller habló con nuestro héroe sobre lo que por aquellos días constituía el tema de todas las conversaciones en Nancy. La señora Grandet, la esposa del recaudador general, tenía que llegar de París, y sin duda daría unas fiestas espléndidas. Su marido era hombre inmensamente rico, y ella era considerada como una de las más hermosas mujeres de París. Luciano recordó lo que se decía de él considerándole como pariente de Robespierre, y tuvo el valor de decir que veía muy a menudo a la señora Grandet en casa de su madre, la señora Leuwen. Aquel tema de conversación no fue más que ligeramente seguido por nuestro subteniente; pretendía hablar con agudeza y como su espíritu no le suministraba elementos, llegó casi a hacer preguntas secas a la señora de Chasteller.
Después de comer, alguien propuso un paseo y Luciano tuvo el honor de acompañar a la señorita Théodelinde y a la señora de Chasteller en una excursión sobre el lago que recibe el pomposo nombre de Lago de la Encomienda. Quedó encargado de maniobrar la barca, y Luciano, que había acompañado durante cinco o seis veces a las señoritas de Serpierre, estuvo a punto de meter los cuatro pies en el agua del lago, así como la señorita Théodelinde y la señora de Chasteller.
Al día siguiente era la fiesta conmemorativa de un augusto personaje, en aquellas fechas ausente de Francia.