Rojo y blanco
Rojo y blanco La señora marquesa de Marcilly, viuda de un cordón rojo, se creyó en la obligación de dar un baile; pero el motivo de la fiesta no fue expresado en la tarjeta de invitación, lo que pareció de una timidez culpable a siete u ocho damas que pensaban superiormente, y que por esta razón no se dignaron honrar el baile con su presencia.
De entre todo el 27.º de lanceros, únicamente fueron invitados el coronel, Luciano y Riquebourg Pero una vez dentro de los salones de la marquesa, el espíritu de partido hizo olvidar las más simples conveniencias sociales a personas que, por otra parte, eran perfectamente educadas, y educadas hasta fatigar. El coronel Malher de Saint-Mégrin fue tratado como un intruso, casi como un agente de policía; y Luciano, en cambio, como el niño mimado de la casa; existía una verdadera simpatía hacia este apuesto subteniente.