Rojo y blanco

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Además, en la batalla de Hanau, Napoleón se vio obligado a forzar las líneas de sus fieles aliados bávaros para poder regresar a Francia, y el coronel Thérance, que cubría con su batallón la célebre batería del general Drouot, había recibido un sablazo que le había cortado las dos mejillas y una gran parte de la nariz. Todo aquello, bien que mal, había sido reparado; pero aquella cicatriz enorme en una cara en la que se leía un perpetuo estado de descontento, daba al general un aspecto francamente militar. En la guerra había demostrado una admirable bravura; pero con el reinado de Napoleón su seguridad había terminado; en las calles de Nancy sentía miedo de todo y, especialmente, de los periódicos; así, hablaba muchas veces de hacer fusilar a todos los abogados. Su pesadilla habitual era el miedo a quedar expuesto a la risión pública. Una vulgar broma, en algún oscuro periódico que no contase ni con cien lectores, tenía realmente la virtud de sacar de sus casillas a aquel valeroso militar. Le abrumaba, también, otra preocupación: En Nancy, nadie hacía caso de sus charreteras. Hacía algún tiempo, cuando las algaradas de mayo de 1893…, había tratado duramente a la juventud local y se creía aborrecido.




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