Rojo y blanco
Rojo y blanco —No diga usted esto demasiado alto, mi querido general; veinte oficiales generales, antiguos como usted, solicitan su plaza, y el mariscal desea que todo el mundo esté contento. Me permito decirle francamente, en plan de buen camarada, una frase excesivamente aguda, quizás. Hace ocho dÃas, cuando me despedÃa del ministro, éste me dijo:
Solamente los imbéciles no saben hacer su nido en un paÃs.