Rojo y blanco
Rojo y blanco Al usurpar la señorita Bérard el segundo salón, la señora de Chasteller recibía a Leuwen en un gran despacho o biblioteca contiguo, cuya puerta dejaba siempre abierta. Al atardecer, cuando la señorita Bérard se retiraba, la camarera de la señora de Chasteller se instalaba en el salón. La tarde a que nos referimos, se habían atrevido a hablar de todo con perfecta claridad y a decir las cosas por su nombre, aprovechando que la señorita Bérard se había ido a hacer unas visitas y la doncella que la reemplazaba era algo sorda.