Rojo y blanco
Rojo y blanco Leuwen se encontraba absolutamente incapaz de poder representar una comedia. Tuvo la feliz idea de subir a casa de la señora d’Hoquincourt. De todas las provincianas que nunca han existido, era ella la que poseía más naturalidad. Constituía una disculpa para la provincia, tenía una naturalidad solamente posible en París, y él le haría perder la carta de navegar.