Rojo y blanco
Rojo y blanco —Hubiese sido éste el mejor medio para dejarle a usted disponible al primer correo. ¿No tiene usted una buena paga?
—Recibo un billete de mil francos cada seis meses. Pasaba por delante del «Café Montor» por distracción; de ordinario doy una vuelta de más de quinientos pasos, para evitar este maldito café. ¡Y pensar que es un oficial herido en Dresden y Waterloo el que se ve obligado a esquivar a unos paisanos!
—Después de las Gloriosas, no existen ya paisanos —dijo el conde con amargura—; pero hagamos una tregua para todo lo que sea personal —añadió acordándose del barón Thérance y Ordenando al capitán que se quedara—. ¿Quiénes son los jefes de los partidos en Nancy?
El general respondió: