Rojo y blanco

Rojo y blanco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Es aún muy joven y, no obstante, viuda de un mariscal de campo de la corte de Carlos X. La señora de Chasteller predica en su salón; toda la juventud local está loca por ella; el otro día, un joven bien pensante perdió cantidades enormes en el juego. La señora de Chasteller se atrevió a ir a su casa. ¿No es así, capitán?

—Completamente cierto, mi general; yo me hallaba, por casualidad, cerca de la casa de este joven. La señora de Chasteller le entregó tres mil francos en oro y un recuerdo cuajado de brillantes, que la duquesa de Angulema le había regalado a ella, y que el joven fue a empeñar inmediatamente a Strasbourg. Guardo en la cartera la carta del comisionista de aquella población.

—Tengo bastante con estos detalles —dijo el conde al capitán, que mostraba ya una gran cartera.

—Hay también —continuó el general Thérance—, las casas de los Puylaurens, de Serpierre, y de Marcilly, en las cuales el señor obispo es recibido como un general en jefe, ¡y maldita sea si jamás ninguna de nosotros puede asomar a ellas la nariz! ¿Sabe usted dónde pasa las veladas el señor prefecto? En una tienda, en la de la señora Berchu, y su salón se halla situado en la trastienda. He aquí algo que él no se atreve a escribir al ministro. En cuanto a mí, tengo más dignidad, no voy a ninguna parte y me acuesto a las ocho.

—¿Qué hacen sus oficiales por la noche?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker