Rojo y blanco
Rojo y blanco —Van al café y pasean con señoritas, pero con ninguna de la nobleza ni de la alta burguesÃa; llevamos aquà una vida de réprobos. Estos diablos de maridos burgueses vigilan sus mujeres unos por otros, y lo hacen bajo el pretexto de liberalismo; los únicos que lo pasan bien son los artilleros y los oficiales de ingenieros.
—Y a propósito, ¿cuál es su manera de pensar?
—Piensan como malditos republicanos, ¡como ideólogos! El capitán podrá corroborar que todos ellos están suscritos al National, al Charivari y a todos los periódicos nefastos, y que se mofan públicamente de mis órdenes del dÃa. Los recibe, en su nombre, un burgués de Darney, pueblecito situado a seis leguas de aquÃ. No jurarÃa que en sus partidas de caza, no tuvieran alguna cita con Gauthier.
—¿Quién es este hombre?
—El jefe de los republicanos del cual ya le he hecho mención a usted; el primer redactor de su periódico incendiario que se llama L’Aurore, y cuya principal preocupación es la de hacerme aparecer ridÃculo. El año pasado me propuso un duelo a espada, y lo más abominable es que se trata de un empleado del Gobierno, es el geómetra del Catastro y yo no puedo destituirle; pagó setenta y nueve francos de multa por su última alusión al mariscal Ney…