Rojo y blanco
Rojo y blanco —Vamos a mi casa; no debemos hablar de estos asuntos delante de los espÃas del justo medio que pululan por nuestro paseo. Ayer recibà una caja de Kirschwasser de Fribourg-en-Brisgau. Mandemos buscar a tus hermanos y a Lanfort.
—¿Tengo yo necesidad de tanta gente? Con media cuartilla de papel me basta…
Y el conde Ludwig se dirigió decididamente hacia un café.
—Si quieres mostrarte brutal conmigo, te dejo plantado aquÃ… De lo que se trata es de impedir, que por medio de algún juego de manos, este maldito parisién nos haga una mala jugada y que además se burle de nosotros. ¿Qué le puede impedir explicar en su regimiento que hemos formado entre nosotros, la juventud lorenesa noble, una especie de sociedad de seguros para no dejamos arrebatar las viudas poseedoras de buenas dotes?