Rojo y blanco
Rojo y blanco —Tiene uh fÃsico detestable, es feo, mal proporcionado, mal vestido, su sombrero data por lo menos de hace dieciocho meses y es familiar hasta la groserÃa. La mayor parte de esos defectos tienen su origen en su nacimiento: como nos ha dicho, su padre no fue más que un vulgar mercader. Sin embargo, la mayor parte de los grandes reyes han tenido servidores no nobles. Du Poirier es más listo e inteligente que yo, pues que el diablo me lleve si adivino cuál puede ser ese medio infalible que dice poseer. Y tú, Ludwig, que hablas tanto, ¿sabes cuál es?
Todos rieron, excepto Ludwig y Sanréal, encantados del cariz que tomaban los asuntos, y este último les invitó a almorzar al dÃa siguiente. Pero antes de separarse, por muy amoscados que estuvieran contra Du Poirier, designaron a los dos comisarios que debÃan entenderse con él y, naturalmente, la elección recayó en las dos personas que más gritaron y pidieron no ser nombradas, los señores de Sanréal y Ludwig Roller.
Al dejar a aquellos fogosos gentileshombres, Du Poirier fue con paso apresurado a buscar, al fondo de una calle estrecha, a un sacerdote al que el prefecto creÃa espÃa suyo en la buena sociedad, y que como tal, recibÃa una buena tajada de los fondos secretos.