Rojo y blanco
Rojo y blanco El primer día, cuando solicitó dos representantes en la reunión celebrada en casa del señor de Sanréal y el segundo cuando se desembarazó de la curiosidad inquieta de estos dos comisionados, no tenía todavía ningún plan preparado. El que pensó desarrollar no se le ocurrió sino por fragmentos sucesivos, y a medida que se persuadía de que permitir aquel duelo que él había prohibido en nombre del rey, constituiría una derrota señalada, un fiasco para su reputación y para su influencia en Lorena, en la mitad joven del partido.
Empezó por confiar, bajo el signo del secreto más absoluto, a las señoras de Serpierre, de Marcilly y de Puylaurens, que la señora de Chasteller estaba mucho más enferma de lo que se creía y que su enfermedad sería muy larga. Obligó a la señora de Chasteller a sufrir un vesicante en la pierna y le impidió así poder andar durante un mes por lo menos. Pocos días después, llegó a casa de ésta con aspecto serio que se convirtió en sombrío mientras le tomaba el pulso, y la invitó a todas las ceremonias religiosas, que en provincias, quedan comprendidas en una sola frase: hacerse administrar los Sacramentos. Todo Nancy se enteró, y comentó aquel gran acontecimiento; puede juzgarse la impresión que produjo en Leuwen: ¿estaba la señora de Chasteller en peligro de muerte?