Rojo y blanco
Rojo y blanco —Pero esta diferencia…
La voz de Luciano empezaba a velarse.
—¡No hagas frases, muchacho! Te llamo al orden. La polÃtica y los sentimientos, nos alejan por igual del objeto de la orden del dÃa:
¿Será dios, mesa, o recipiente?
Es de ti de quien se trata, y necesitamos una contestación tuya. ¿Te aburre la oficina, y prefieres el despacho particular del señor de Vaize?
—SÃ, padre.
—Ahora se nos presenta una gran dificultad: ¿serás lo bastante pillo para ese empleo?
Luciano se estremeció; su padre le miró con el mismo aire alegre y serio a la vez. Después de un silencio, el señor Leuwen continuó: