Rojo y blanco
Rojo y blanco —Pero ¿quién será, hombre virtuoso, el juez de estos crÃmenes?
—Tú, padre.
—Las bribonerÃas, las mentiras, las maniobras electorales, ¿no romperán nuestro compromiso?
—No participaré en la redacción de panfletos mentirosos…
—¡Claro! Eso corresponde a los escritores profesionales. En estas cuestiones sucias, limÃtate a dirigir, nunca a obrar. He aquà el principio: los gobiernos, incluso el de los Estados Unidos, mienten en todo momento, y sobre todo, cuando no pueden mentir sobre el fondo del asunto, mienten en los detalles. Además, existen buenas y malas mentiras; las buenas, son aquellas que cree la gente de cincuenta luises de renta hasta doce o quince mil francos, las excelentes, convencen a algunas personas que poseen coche, las execrables, son aquéllas en las que nadie cree y que son únicamente repelidas por los miserables. Creo que lo comprendes. Ésta es la primera máxima del Estado: no debe salir nunca ni de tu memoria ni de tu boca.
—Voy a meterme en una guarida de ladrones, pero todos sus secretos, pequeños o grandes, quedan bajo la salvaguardia de mi honor.