Rojo y blanco
Rojo y blanco El carácter de la señora de Chasteller se distinguÃa por su dulzura y despreocupación. Nada conseguÃa agitar aquella alma dulce, noble, amante de la soledad y de los pensamientos Ãntimos. Pero colocada por la desgracia y la pena fuera de su estado habitual, no tenÃa que realizar esfuerzo alguno para tomar decisiones: mandó a un criado a que depositara en la oficina de correos de Damey Zuna carta dirigida a la señora de Constantin.
Una hora después de la salida del criado, cuál no serÃa la alegrÃa de la señora Chasteller al ver a la señora de Constantin entrar en su habitación. Aquel momento fue de intensa satisfacción para las dos amigas.
—¡Cómo!, mi querida Bathilde —dijo la señora de Constantin, cuando después de los primeros transportes pudo hablar—, seis semanas sin una lÃnea tuya. Ha tenido que ser por casualidad, a través de uno de los agentes que el prefecto utiliza para las elecciones, por quien he tenido que enterarme de tu enfermedad, y de que tu estado inspira inquietud…
—Por lo menos te he escrito ocho cartas.
—Querida, esto que me dices es muy grave; ha llegado a un punto en que la bondad se convierte en maldad…
—Cree que hace bien…