Rojo y blanco
Rojo y blanco Quedó convenido que éste podría llevárselas para hacerlas llegar a su destino por algún medio más económico y rápido que el correo. Pero en este caso, que representaría una pérdida de ingresos para el gobierno, la señora Cunier, su representante en aquel asunto, recibiría una compensación en forma de una cesta de buen vino del Rhin de segunda calidad.
Al día siguiente de aquella conversación, la señora Cunier mandó un paquete, cerrado personalmente por ella, al viejo Saint-Jean, ayuda de cámara del marqués. Dicho paquete contenía una breve carta de la señora de Chasteller dirigida a la señora de Constantin. El tono de la misma era dulce y tierno; la señora de Chasteller hubiera deseado solicitar consejo a su amiga, pero no se atrevía a hacerlo.
«Palabrería insignificante» —se dijo el marqués guardándola en un cajón de su mesa de despacho. Y un cuarto de hora más tarde, pudo verse al anciano ayuda de cámara llevando a la señora Cunier una cesta con dieciséis botellas de vino del Rhin.