Rojo y blanco
Rojo y blanco —He ordenado que en el momento en que el reloj del ministerio dé la una, el portero le entregue a usted todas las cartas que hayan llegado dirigidas a mÃ. Me entregará usted sin demora todo lo que venga de las TullerÃas o de los otros ministerios, abrirá el resto de la correspondencia y me hará un extracto en una sola lÃnea, o en dos como máximo; mi tiempo es precioso.
Apenas hubo salido el ministro, ocho o diez empleados fueron a conocer y a presentarse al nuevo secretario particular, cuyo aspecto decidido y frÃo les pareció de mal augurio.