Rojo y blanco
Rojo y blanco La expresión que se adopta con éstas o parecidas ideas, no es precisamente la que conviene para hacer nacer un diálogo fácil de buen tono entre personas que se ven por primera vez. Después de aquella primera jornada en el ministerio, la misantropÃa de Luciano presentaba la siguiente forma: no pensaba en los hombres cuando no los tenÃa ante su presencia, pero cuando ésta se prolongaba excesivamente, se le convertÃa en inoportuna y poco después en intolerable.
Para terminar de sumirle en el mal humor, al llegar a su casa encontró a su padre perfectamente alegre.
—Aquà tienes dos pequeñas asignaciones —le dijo—, que son consecuencia natural de tu nueva dignidad.
Se trataba de dos carnets de abono a la ópera y a los Bufos.
—¡Ah!, padre, todos estos placeres me dan miedo.
—Tú me concediste dieciocho meses en vez de un año por cierta posición en la sociedad. Para hacerme el favor completo, prométeme pasar media hora cada noche en estos templos del placer, particularmente hacia el final de los placeres, sobre las once de la noche.
—Te lo prometo. AsÃ, ¿no tendré ni una sola hora de tranquilidad durante todo el dÃa?
—¿Y los domingos?
Al segundo dÃa, el ministro dijo a Luciano: