Rojo y blanco
Rojo y blanco —¡Cómo! ¿El jefe de policÃa de mi ministerio?
—The same (el mismo) y por medio de él, puedes hacer espiar a tu amante con gastos a cargo del Estado.
Al oÃr aquello, Luciano se puso muy taciturno, y su madre adivinó su secreto.
—Te encuentro muy pálido, amigo mÃo. Toma tu palmatoria y, por favor, métete en la cama antes de una hora.
«Si hubiese tenido a un señor Crapart en Nancy —se decÃa Lucien—, hubiera sabido lo que le sucedÃa a la señora de Chasteller. ¿Y qué hubiese ocurrido si le llego a conocer un mes antes? Hubiera perdido los más hermosos meses de mi vida… Hubiese quedado condenado un mes antes a pasar las mañanas con una Excelencia bribona, y las noches con una pillastre, la mujer más considerada de ParÃs».
Puede verse, por la exageración del pesimismo de estos razonamientos, como sufrÃa todavÃa el alma de Luciano. Nada produce tanto descontento como la infelicidad. FÃjense en los gazmoños.