Rojo y blanco

Rojo y blanco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Le secundaré, señor conde. Tal vez me arrepienta durante toda la vida de no caer enfermo inmediatamente, guardar cama durante ocho días y venir después a la oficina; y si le encontrara a usted demasiado cambiado, presentar mi dimisión. El ministro es hombre demasiado honrado (y pensaba: y demasiado comprometido con mi padre) para perseguirme con los largos brazos de su poder, pero estoy ya cansado de retroceder ante el peligro. (Esto fue dicho con un ardor contenido). Ya que la vida es tan penosa en el siglo XIX, no cambiaré de empleo por tercera vez. Veo perfectamente a qué espantosa calumnia me expongo para el resto de mis días; sé cómo murió el señor de Caulaincourt. Voy pues a actuar con la vista fija en cada uno de mis pasos, como si existiera la posibilidad de tener que justificarme en un memorial escrito.

»Quizá, señor conde, hubiera sido preferible, incluso para usted, encargar esta gestión a agentes recubiertos de charreteras: los franceses perdonan cualquier cosa a un uniforme…

El ministro hizo un gesto.

—No deseo en modo alguno, señor, darle consejos no solicitados, y por otra parte tardíos, ni mucho menos insultarle. No le he pedido una hora para reflexionar y, naturalmente, he estado pensando en voz alta.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker