Rojo y blanco
Rojo y blanco —SÃ, veinte francos si usted no menciona jamás la palabra opio. Por otra parte, yo mismo, aquà donde me ve, he tomado opio como consecuencia de una herida y no se me querÃa matar por habérmelo suministrado. En fin, si habla usted, si aparece impreso en algún periódico que Kortis tiene miedo de que le administren opio, o habla de su herida y de su riña con el recluta en el puente de Austerlitz, no habrá nada de lo dicho referente a los veinte francos; por el contrario, si ambos guardan silencio, tendrán veinte francos diarios.
—¿A partir de cuándo?
—De mañana.
—Contando con su bondad, serÃa mejor que me los diera a partir de esta tarde. Si le parece a usted bien, antes de medianoche estaré en el hospital. Mi pobre y querido esposo, sólo me tiene a mà para impedirle hablar… ¡Señora Morin! ¡Señora Morin! —gritó la señora Kortis…
Se trataba de una vecina, a la cual fueron entregados catorce francos para que cuidara a los hijos de la señora Kortis durante siete dÃas. Leuwen dio también a ésta cuarenta sueldos para pagar el fiacre que la llevarÃa hasta el hospital de…