Rojo y blanco

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—No es lo bastante conocida. He aquí el diálogo: «Leuwen hijo, está decididamente enamorado de la pequeña Raimunda». «¿Y quién es esa Raimunda?…». Es preciso que sea así: «Leuwen hijo está enamorado de la señorita Gosselin». «¡Ah, diablo!, ¿es su amante?». «Sí, y está celoso como un moro… Quiere ser el único».

Aquella alternativa entre la señora Grandet y la señorita Gosselin, preocupó mucho a Luciano.

El asunto Kortis había terminado perfectamente, y el conde de Vaize le había dirigido algunos cumplidos con tal motivo. Dicho agente excesivamente celoso del cumplimiento de su deber, había tardado ocho días en morir y no había hablado.

Luciano solicitó un permiso de cuatro días para terminar unos asuntos importantes en Nancy. Desde hacía algún tiempo, sentía unos deseos locos de volver a ver la ventana de la señora de Chasteller. Después de haber obtenido la autorización del ministro, habló con sus padres, que no hallaron inconveniente alguno en que realizara un viaje de corta duración a Strasbourg; en ningún momento tuvo Luciano el valor suficiente para mencionar Nancy.

—Para que tu ausencia no parezca demasiado larga, todos los días de sol, hacia las dos de la tarde, iré a ver a tu ministro —dijo el señor Leuwen.


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