Rojo y blanco
Rojo y blanco La señora Grandet le refirió todo lo que sabía del asunto. Era casi la verdad de lo sucedido, pero explicado dando la razón a los Leuwen. En todo ello no había tampoco ninguna traza de interés o de relaciones particulares, sino más bien algo de distanciamiento, debido al aspecto aburrido de Leuwen.
Por la tarde, la señora de Thémines creyó estar en situación de poder asegurar al señor Leuwen que no había ni amor ni galantería entre su hijo y la bella señora Grandet.