Rojo y blanco
Rojo y blanco —Hace más de veinte meses que no ha puesto los pies en ella —contestó la señora Grandet apresuradamente.
—Las personas que recibes en tu casa, son precisamente las que hacen y deshacen ministros.
—¡Estoy muy lejos de recibir exclusivamente a dichos señores! —Esto fue dicho con el mismo tono amoscado—.
—¡No abandones una posición tan magnÃfica, querida! Y, entre nosotras —añadió bajando la voz y con tono de intimidad—, no tengas en cuenta para juzgarles, lo que digan los enemigos de dicha posición. Ya una vez, en tiempos del reinado de Luis XIV, tal como lo repite constantemente aquel Saint-Simon por el cual sientes tanta preferencia, los burgueses ocuparon los más altos puestos de la polÃtica. ¿Qué fueron si no los Colbert y los Séguier? A la larga, los ministros hacen la fortuna de las personas a quienes quieren. ¿Y quién hace actualmente a los ministros? Los Rotschild, los… los… los Leuwen. A propósito, ¿no fue el señor Pozzo di Borgo, quien decÃa el otro dÃa que el señor Lewen le hizo una escena al ministro de Asuntos Exteriores por algo relacionado con su hijo? ¿O era el hijo, el que a media noche le hizo la escena al ministro?