Rojo y blanco

Rojo y blanco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Hacia las diez empezaron a llegar más personas. Existía la costumbre de presentar a la señora Grandet la mayoría de los personajes destacados que estuvieran de paso por París, Únicamente faltaban en su colección los artistas completamente desprestigiados, y los grandes señores de la última hornada. La presencia de tales personas en París, anunciada por los periódicos, le producía mal humor y a veces se permitía contra ellos comentarios semi-republicanos que causaban la desolación de su marido. Éste, infatuado por el hecho de que el rey se hubiera dignado concederle su favor, llegó a las diez y media acompañado de un ministro. No tardó en presentarse otro ministro, y sobre las pisadas de éste, los tres o cuatro diputados más influyentes en la Cámara. Cinco o seis sabios que estaban presentes, se pusieron a adular vilmente a los ministros e incluso a los diputados. Pronto tuvieron como rivales a dos o tres escritores que, aunque de formas más libres, eran más esclavos en el fondo y tapaban su bajeza con los modales más exquisitos que prescribe la educación. Utilizando frases periódicas y almibaradas, les dirigían cumplidos indirectos y admirables de delicadeza. El prefecto hablador quedó atemorizado por aquel lenguaje que le hizo guardar silencio.

«Éstas son las gentes de las cuales en casa nos burlamos —se dijo Luciano—, y aquí son objeto de admiración».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker