Rojo y blanco
Rojo y blanco —Pero ¿dónde ve usted los bosques? —dijo Luciano mirando el más triste paÃs del mundo.
—A una legua de aquÃ, al final de la llanura, hay una serie de bosques magnÃficos; es un lugar bellÃsimo. Allà está el «Café del Cazador Verde», regentado por alemanes y donde siempre hay música; es algo asà como el TÃvoli de la región…
Luciano hizo dar un pequeño salto a su caballo, lo que alarmó al charlatán; le pareció que su vÃctima iba a escapársele, ¡y qué vÃctima!, ¡un apuesto joven de ParÃs, recién llegado, y obligado a escucharle!