Rojo y blanco
Rojo y blanco —En este caso tengo una segunda súplica que añadir a la primera, y consiste en que acepte aquà mismo mi dimisión, asà como mi agradecimiento por todas las bondades que ha tenido para conmigo.
—¡Desdichado principio monárquico! —exclamó el ministro hablando consigo mismo.
Luego añadió con un tono más educado, ya que no le interesaba en modo alguno distanciarse de Leuwen y de su padre:
—PermÃtame que le diga, mi querido señor, que no puedo hablar de su dimisión más que con su padre.
—DesearÃa —continuó Luciano después de un instante—, no verme obligado a cada momento a tener que recurrir a la superior decisión de mi padre. Si Su Excelencia es tan amable de explicarme en qué consiste tal misión y si no hay en ella nada parecido al combate de la calle de Transnonain, quizá pueda encargarme de ella.
—Lamento tanto como pueda lamentarlo usted los terribles accidentes que pueden suceder al emplear con excesiva rapidez la más legÃtima violencia. Pero usted sabe bien que un accidente deplorado y reparado en cuanto ha sido posible, nada prueba contra un sistema. ¿Es que un hombre que alcanza con su disparo a un amigo durante una cacerÃa puede ser considerado como un asesino?