Rojo y blanco

Rojo y blanco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

»Está también la señora marquesa de Puylaurens y la señora de Saint-Vincent, a las que no hay que olvidar; pero estas damas de nuestra ciudad no dan su brazo a torcer. Son severas hasta el extremo en esta cuestión y es preciso que se lo diga a usted, mi querido señor, con todo el respeto que le debo, yo, que no he sido más que un suboficial de coraceros, y que no he hecho más que diez campañas en diez años; pero dudo mucho que esta viuda de Chasteller, general de brigada, que ha tenido como amante a un teniente coronel, quiera conceder sus favores a un simple subteniente, por muy apuesto que éste sea. Ya que —añadió el maestre de postas, adoptando un aire lastimero—, el mérito, en este país, no se tiene en cuenta, lo que realmente vale aquí son los títulos nobiliarios.

»En este caso, estoy bien fresco», pensó Luciano.

—Adiós, señor —dijo a Bouchard, poniendo su caballo al trote—; mandaré un lancero para que recoja el caballo que dejé en sus cuadras, y que tenga usted muy buenas tardes —terminó diciendo, al ver a lo lejos la inmensa muestra de los «Tres Emperadores».

«De cualquier forma, he ahí uno al que he entretenido sólidamente, a él y a su justo medio —se dijo Bouchard riendo en su interior—. Y, además, he conseguido cuarenta francos de propina para dar a mis postillones: ¡que dure!».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker